viernes, 4 de noviembre de 2011

SOÑÉ SER MARINERO


Podrá ser una tarde apagada

De nimbos plumbosos
O una noche cerrada
De lluvias tropicales
O, por ventura de la luz
Una reluciente mañana
De azogues y diamantes
Desde mis pies
Hasta mi pensamiento
Quedarán desvanecidos
Mi pobre coraje
Mi forma de amar
Mi tristeza eterna
Mi saber de todo
Mi saber de nada
Mi perro
Mis hijos
Mis padres ya muertos
Mis ríos lavanderos
Mis pájaros vivos
Mis Pájaros yertos
Del árbol caídos
Aquellos recuerdos
De amores perdidos
Mis triunfos
Mis libros
Mis luchas de osos
Mi mejor amigo
Casi todo, todo
Al fin se habrá ido
Casi, he dicho: casi
Casi todo, he dicho
Queda una nostalgia
Me queda un castigo
Me faltan los versos
Siempre cuando escribo
Queda esa nostalgia
Que así no se ha ido
Escribir poemas
Al mar con delirio
Y a sus marineros
Fue siempre mi signo.
Viene desandando
Un dolor hendido
En mi alma de muerto
En mi alma de vivo
Viene desandando
La nostalgia vieja
Que deja en los libros
Nostalgia de auroras
Pintadas en versos
Al pensar en niños
Que canten jugando
Y marchando
Mis trinos
Queda esa nostalgia
De amor y de penas
De saber que muero
Sin haber vivido.

CONSULTA AL MAR SOBRE UNA PARTIDA



La tarde mortecina junto al amigo mar
yo hablaba conmigo de mis tranquilas congojas,
del tiempo que pasa sin regreso, de la roja
palidez perfecta de su vientre estival.

Desvanecida la tarde sobre el horizonte
luminiscente de las olas, me habló el mar:
-tu voz- murmuró, -llevo grabada más allá
del tiempo, al decir adiós en sagrados montes.

Entre nubes y lluvias esparciré tu aliento,
tu lirio blanco, tu voz, tu oración, tu lamento,
volando cual ingrávidos versos, en su altar

Dejarè.- El mar sabe que vengo de muy lejos
esperando. Conmovido el inmenso viejo
me dijo: -la arena en tus dedos bésala asaz.-

DIÁLOGO CON EL MAR




Viejo mar,
hace tiempo que no hablamos de la noche,
las algas fosforescentes,
aguas vivas translúcidas,
luciérnagas marinas,
gaviotas y pescadores que regresan,
barcos y tormentas.

Viejo mar,
hoy quiero reconciliarme contigo,
brindar el acético vino que hace tiempos
acordamos probar,
vino elíxir de recuerdos
para que no olvidáramos nada 
así podrás recordar cada una
de mis noches de nostalgias
cuando vengo a verte,
mis torpes desvelos
aguardando el llegar de sirenas,
los arribos de barcos, desiertas sus redes,
gaviotas heladas perdidas en su vuelo
en noches sin norte ni oriente,
monstruos apacibles varados en tus orillas
que llegaron malheridos a descansar de la vida,
marineros en tus balcones negando el tiempo
para no decirte adiós.


Viejo mar,
Quiero ser marinero,
quiero una noche también morir en tus balcones
para nunca decirte adiós,
para que seamos uno,
tú y yo,
viejo mar.

HE VIVIDO JUNTO AL MAR





He vivido bañado por las luces
Encantadas, de lunas marineras
mecidas por olas con estrellas
que salpican el fondo y hacen cruces.

He vivido jugando con fantasmas
caminantes del mar hechos de sombras
despertando entre arenas que me nombran
en bahías dormidas, de aguas mansas.

He vivido olvidado entre peñascos
atrapando burbujas florescentes
Al oír la agonía de otras gentes.

Mar, lluvia y sol, manantial de mi canto
olor de algas brotando hechas fuentes,
ramas quebradas de mi amor silvestre.

VERSOS DE AGUA




Mis versos son versos salidos del agua
mis versos son versos que fluyen al mar,
mis versos son versos del querer amar,
son versos, mis versos, de mis ojos agua.

Mis versos, mis versos, son del río agua
mis versos son versos de mi triste azar,
hallan en mis ojos mis versos su hogar,
son versos mis versos del rocío el agua.

Se vuelven mis versos hilando entre arenas
nostalgias marinas, versos de sirenas,
¿Qué harán los marinos al oír mis versos?

¿Ha visto un poeta llorar a un marino
por un verso triste de agua, amor y vino?
llorando esta el cielo, brotando mis versos.

AL CAPITÁN MATE



Las ratas espantadas como ratas
la luna tristemente estremecida,
de orgullo orgullecido el capitán,
sin timón no timonea el timonero.

La proa se ahoga,
la popa regala sus intimidades al aire,
las ratas como ratas,
el timonero sin timón,
el capitán con nervios de capitán,
la sal de las entrepiernas
se confunde con la sal de las espumas,
firmes las órdenes
incierto el devenir,
ciego el telescopio
mudo el astrolabio,
roto el sextante,
sin norte la brújula,
inútiles las cartas,
naufraga el arrojo,
el valor esta anudado en la garganta del capitán,
el capitán ultima su soledad,
el timonero quiere un timón,
el timonero quiere confundirse con el capitán,
el capitán no duda quien es el capitán,
el timonero ya ni puede timonear,
el capitán ordena su propia soledad,
el capitán aun no llora su barco,
su barco cargado de lunas,
cargado de albas y luceros,
cargado de mercancías románticas,
transparentes a nuestros sentidos,
de sueños y entresueños,
de soles mortecinos,
de fantasmas bienhechores,
cargado de soledades,
rescatemos tu barco, capitán.

ALMA DE MARINERO




Marinero,
siempre despierto,
piel de serpientes,
mira de búho,
sagaz halcón,
rezo en tu nombre
esta oración.

¿Habrás orado durante las eternas noches
de los gélidos confines
donde las aves son peces
los perros tienen aletas,
crecen montañas de cristal,
y el infierno se congela?...
¿Cantaste a dúo con las sirenas
que no conocen las mariposas,
donde el verano es solo un sueño
y la primavera una nostalgia?

Sabio de barcos
piel de serpientes,
alimento de olas y tormentas,
donde solo el tiempo es macho,
y Dios no vive en su cielo.

Tuerce la proa,
marinero,
piel de serpientes,
trae desnuda la piel,
trae negro tus anteojos,
cuida del fuego los mástiles encendidos,
semental silvestre,
que nunca besas tus crías,
mientras los príncipes tamborean
ritmos divinos,
donde los pájaros y los árboles
no guardan lutos,
las vírgenes morenas
llevan olas en sus vientres,
en la mirada una jungla,
en la sonrisa un deseo.

Adéntrate marinero,
piel de serpientes,
macho corcel,
en ajenos viñedos,
donde la abeja reina tiene tiene su celda,
que ponga huevos de marinero.
Deja en oriente hijos del Sol,
de allá lejos,
mientras él duerme,
tráeme la luna en tu mirada,
ven a contarme tus historias,
tus hiperbólicas historias
de fantasmas que remontan las nubes,
sirenas que vuelan embriagadas
con licores marineros,
tus historias de piratas ciegos,
en sus barcos de oro,
sin velas ni remos,

Ven a mi bar de azúcar y ron,
a relatar tus conquistas,
marinero,
piel de serpientes,
de ejércitos de caballos voladores
en Australia,
de los hombres come-fuegos
de los imperios húmedos del África
de las mujeres transparentes de Noruega,
muéstrame tu piel de serpientes,
marinero.

AYÚDAME, MARINERO



Marinero de los mares de mil mundos
ven a prestarme tu dilatada nostalgia
que para amarla no bastan mis penas y tristezas,
ni el eterno recordatorio de sus cálidos besos,
que se ha ido entre brumas y reclamos
por mis culpas profanas impiadosas.

Dime tú, intrépido capitán que puedes navegar
arribando entre nieblas y tormentas,¿Cuál es el rumbo de su nao?...
Pregúntale al mar en su idioma de olas…
¿Hacia dónde el corsario torció su proa?
Pídele a tu mar que me socorra del naufragio,
detenga al viento que apura esas velas,
entonces, elevemos anclas, hermano marinero.

No habrá frío, sol ni ausencias
que detengan mi viaje sobren la estela de su partida, 
sólo te pido tu piel tostada, lobo marino,
sin alma ya, el temor no estorba para surcar
a rescatar mi tesoro de intrusa barca.


Ven timonel, busca tu oriente contando estrellas
mientras yo, desesperado vigía sin visera ni mar 
hurgo desde mi torre el horizonte nublado de mi objetivo;
préstame tu pericia, marinero de noches sin luceros,
para avistar su posición anclada en mi espera
dime, marinero sin nervios que olvidaste el sueño,
si abordamos a estribor su furtivo navío.
Dime marinero de románticos arribos a extraños puertos...
cuántas promesas le hago y cuáles penas le cuento...

Ven marinero a silbarle danzas a tus sirenas
diademas de luciérnagas traigan sobre las espumas
que iluminen la pálida transparencia de su tez,
amada golondrina que en suave brisa tibia,
remolcaremos hasta el ensueño caluroso de nuestro nido.

MAR ENVENENADO





Mar de rostro incierto, mojado peregrino
gladiador incansable de huracanes furtivos
tu muerte  va arreglada entre obscuros motivos
brutal veneno, tus verdugos negros vinos.

Gaviotas y esturiones extravían sus caminos
pescador sin peces, secas redes, muerto vivo
alegrías ausentes, nostalgias de arribos
lamentos de enlutadas arenas y marinos.

Brisas y demonios asfixian  nobles nubes
 le orinan sus toxinas al rey amazónico,
torpes luces, muere el cóndor, ¿A dónde sube?

Mar aun haces tuya la luna en tu agonía
no lleguen dioses  que te habiten y den fronteras,
Chernobil, Nagaski, de su voz son elegías.

SOÑANDOTE JUNTO AL MAR



Cual arenas abismales
arrastrando letras de tu nombre
esculpido en las rocas de los tiempos
por el abrasivo rascar de los siglos
se escurre tu silueta transparente
por los límites infinitos de mi pensamiento
ingrávido lienzo inmaterial te cubre,
permea la humedad de mis lascivias.

Soy halcón invisible,
un cielo de cristal me permite ver a Dios.
Mas, ahora, un tibio rozar de mis dedos matemáticos,
harán sentir a tu carne que eres vida entre los vivos,
se arruinaron mis sueños, con nubes de cenizas,
la brisa y la nostalgia me hacen sentir el frío,
mi piel descubre que no está tu calor,
las espumas rompientes traen las hormonas de tu aliento
gota a gota la lluvia reescribirá tu nombre en el mar
lo esculpirán las olas contra los acantilados
las gaviotas lo bajarán de las nubes al relieve de las arenas
y yo lo alzaré en mi voz letra a letra
para fijarlo en mis oraciones, en mis ojos y en mi dolor
hasta que El Cielo vuelva a la tierra
y mi nostalgia me devuelva la vida.

LA NOVIA DEL MARINO ANDRÉS




La novia del marino Andrés pasea todas las tardes
los malecones del puerto
camina vestida de azul y de espumas,
espumas en las manos, espumas en los pies,
espumas en su pensamiento blanco que vuela de Las Antillas a Las Azores,
de Las Azores hasta las tierras del invierno eterno,
tan eterno como las brisas que desvanecen su espera.

La novia del marino Andrés lleva el mar
en su bolso de piel de focas.
En su bolso de piel de focas por marinas y por lejanas,
por lejanas como el sol de sus amaneceres,
sus amaneceres cargados de ilusiones y fantasías,
fantasías de niña púber, más virgen que La Virgen,
virgen en la mirada, virgen en su belleza sin mascarillas,
virgen en su ternura inexplorada.

La novia del marino Andrés sabe de los desiertos
y abismos marinos.
De los abismos marinos atragantados de barcos,
de barcos de piratas,
de barcos cargados de dragones,
de dragones disecados,
de barcos cargados de perlas celestiales,
de perlas celestiales como perla celestial es ella misma.
Como ella misma que reza al hablar de tormentas y naufragios.

La novia del marino Andrés sabe de los vientos
y de las tormentas del Pakistán.
Del Pakistán y de La India donde mugen y rumian los dioses,
las lluvias y las hambrunas y las salidas del Sol,
del sol que nunca ha visto la virginidad de sus vírgenes
porque sus vírgenes quieren ser vírgenes
hasta de una mirada, vírgenes para su amado.

La novia del marino Andrés sabe de amores volcánicos,
sabe de amores volcánicos amazónicos,
como volcánicos los carnavales cariocas,
carnavales y amoríos que al marino encantan y a ella atormentan.

La novia del marino Andrés recibe paisajes postales de Madagascar, de Tokio, de Galápagos y de Alaska.
Paisajes postales del Madagascar remoto y descentrado,
descentrado en sus penínsulas,
descentrado en sus amores,
sus amores arreglados desde el génesis,
desde El Génesis hasta la muerte,
la muerte que llega entre lienzos, oasis y desiertos.

Paisajes postales de Galápagos con su fauna mitológica,
mitología hecha de realidades hiperbólicas,
hiperbólicos lagartos inmortales,
mariposas cristalinas y submarinas,
submarinas serpientes que anidan junto a las aves,
aves santas de este santuario escapo de las divinas iras,
divinas iras que hasta el mar teme y los marineros burlan,
los marineros la burlan para recrear sus fantásticas imaginaciones,
sus fantásticas imaginaciones para jugar con los recuerdos del futuro,
los recuerdos futuros de sus amores platónicos.

Paisajes postales de Tokio pintados por dragones cibernéticos,
con pinceles electrónicos y que entonan sinfonías matemáticas.
Matemáticas como el tiempo de su dilatada nostalgia guerrera,
nostalgia salada de mar y de sudor marinero,
sudor de marinero con olor a lobo,
con olor a escualo.

Paisajes postales de Alaska con osos polares enamorados,
osos polares enamorados y focas pescadoras y soldados esquimales,
soldados esquimales ordenando ejércitos de perros congelados,
congelados como los compromisos de bodas atemporales,
olvidadas por él, recordadas por ella que siente frío.

La novia del marino Andrés adorna su alcoba con anclas y mástiles,
con anclas y mástiles porque quiere que su alcoba huela a mar,
a mar, a salitre, a viento de pescadores y gaviotas,
con olor a gaviotas que vuelen muy alto, que viajan muy lejos,
muy alto y muy lejos pero sin perder los luceros del regreso,
los luceros del regreso despiertos hasta el amanecer.

La novia del marino Andrés lee todas las historias de piratas,
las historias de piratas, de sirenas y de espíritus marineros,
de espíritus marineros, de barcos encantados y de conquistadores,
de conquistadores adueñados de islas, castillos y tesoros,
adueñados de tesoros que pondrán a los pies de la amada,
la amada que siempre espera su regreso triunfal.

La novia del marino Andrés sueña con hijos marineros,
con hijos marineros intrépidos como el mismo mar,
como el mismo mar para que lo conquiste y lo traiga rendido,
rendido a su capricho, abiertas sus paginas confidentes,
paginas confidentes que saben de aventuras en cada puerto,
en cada puerto, en cada arribo, en cada noche de cabotaje.

La novia del marino Andrés ya tiene sobrinos marineros
sobrinos marineros que aprendieron de sus anhelos el amor al mar,
amor al mar, amor a las puestas de sol marineras,
las puestas de sol marineras que aroman sus poemas viajeros,
poemas viajeros de versos alados,
versos alados tan sutiles como un ingrávido rayo de luna,
como el ingrávido rayo de luna que admite la silueta de un lejano navío,
un lejano navío emergiendo del horizonte con inciertas esperanzas.

La novia del marino Andrés no sabe que Andrés solo sueña con el mar,
con el mar que conoció y diluyó sus penas,
con el mar que conoció y diluyó todos sus sueños de príncipe adorado,
con el mar que conoció y diluyó los últimos regaños de su infancia,
con el mar que conoció y diluyó sus pequeñas historias de ríos, montes y escuelas,
con el mar que conoció y diluyó la pequeña foto de la niña, su primera enamorada.
con el mar que se enternece cuando el le habla por las mañanas,
con el mar que se enfurece cuando le oye hablar de nupcias y señoras.

VIAJE AL FUTURO




Un infinito viaje me espera desde ahora
norteando atracaré entre bahías de La Siberia
en mi barca sin calado que navega la tierra
el mar, los vientos, las ideas, que no demora.

Cuando llegue la noche hablaré con las aves
y linces concientes de madrigueras de estrellas
cazaré las mas tiernas que brillan cual doncellas,
serpenteando ríos tocará selva mi nave.

A las estalactitas confiaré mi tesoro
seguiré en las junglas, celosos cachorros fieras
dudan de mis dedos, ¿Serán garras?... ¿Sólo perlas?

Bestias serenas, calladas, persiguen mis ojos,
con violín tenebroso la serpiente me espera
¡Regresé tan medroso que olvide mis estrellas!

MADRUGADA MARINA




Las estrellas se han dormido
al llegar la madrugada
al llegar la madrugada
las estrellas de han dormido

Vinieron todas conmigo
a las honduras del mar
a las honduras del mar
a dormir todas conmigo

volveremos por la noche
después de soñar contigo
soñando que eras mi abrigo.

Volveremos por la noche
después de soñar contigo
que también yo era tu abrigo.

ELEGÍA A UNA PINTURA





Arrebol de algas y conchas,
fluorescentes colores excitados
ninfas y sirenas desesperadas
cuando apura el tiempo
su sexo olvidado.

Imaginan caricias en sus vientres
de rosadas perlas encarnadas
en sus pechos transparentes, encantados
cual uvas hinchadas fermentadas
exhumando vinos celestiales
con olor a gaviota enamorada,
los albatros sólo regresaron al amanecer.

HIJO DE UN SUEÑO MARINERO




¡Nereo, Nereo!...
Soy hijo de un sueño marinero, de Las Tinieblas, de La Noche y de Caos,
he venido a tus reinos a buscar el hada de mis designios.
Una es entre todas la que entibia las noches de mis pensamientos,
Tetis, la nereida señalada por la perfección de mis imaginaciones,
inducidas por esas divinidades del onto fundamental.
Trocaré mis noches estrelladas y mis amaneceres de primavera por un silbido de su aliento,
Te entrego la inmensidad de mis sueños viajeros para que me admitas como esclavo de sus voluntades,
Con un soplo de sus deseos me desnudaré de mi piel para encubrir la pureza de sus virtudes,
Alejado a la distancia de los féminos hipocampos y gritos de unicornios marinos.
Consagro mi juramento ante tu altar que guarda la secreta semilla del torrente fluido y vital que puebla el universo.
Con mi cuerpo hecho garras falange a falange, palmo a palmo, rincón por rincón, cuidaré los tesoros de tus soplos vivificadores.
De la Tetis haré parir los Aquiles de la Eternidad.
Ella es sonreída, divina su mirada, adolescente su voz quebrada más sutil que el silencio de las calmas abisales.
Tú, ingenio de la perfección trazada en las líneas y vientres de sirenas fértiles, acepta mis promesas y juramentos,
densos como singularidades celestiales.
Bajaré a las profundidades de los lechos de tus hijas a recoger a Tetis, venciendo monstruos vigilantes, envidiosos cortesanos y cónsules de otros dioses.
Arrimaré mi nave ante la puerta de tu cava sagrada a la luz de destellos de lunas indiscretas y florescentes miradas de jibias y calamares.
Una flor marina que aceptaré de tu quincuagésimo jardín de eternidades, una flor resuelta en la transparencia de un vientre iluminado
del que vendrán nuestros héroes inmarcesibles, ni duermen los inviernos..
Ninfa que respira el sensus de la pasión que destilan su piel y sus pasos dejando estelas hormonales,
orientan mi barca al norte de las pasiones,
procuran hacer anclas en su portal de aguas y adolescentes humores.
En cada onda de sus cimbreantes caderas de mujer en hormonas nacerá una ola parida de espumas que juegan a salpicar el aire y enfría sus labios tiernamente encendidos de rubor.
Hija siempre púber de los siglos, mixtura sexual de los mares del Africa espásmica y la sublime indiada de las bahías occidentales,
muletaje signado por besos y toques extraviados y escondidos de un marinero rubicundo, 
sin embargo, dolida de un asalto maldiciente de piratas tostados de sol y tormentas.
Deja que me arrebate su virtud de besar, de amar, de dar la vida, libérala de tus órdenes paternas,
sin riendas, sin bridas ni en ensillado, déjala que remonte los océanos sobre una orca descansada cual centauro de los confines marinos.
Ábrele todas las puertas de tu mar infinito para que nade hasta mi barca de ilusiones a cuidar mis fantasías y mis sueños,
mis esperanzas de engendrar los divinos gladiadores del mundo de los vivos,
serán tus salidas a los universos estrellados y a los confines de la luz.
Déjame, Nereo, que me entregue a explorar sus galerías, prados y montañas de aguas abisales,
donde haremos los fuertes de nuestro castillo de corales, iluminado por luciérnagas de aguas profundas.
Ante su corte arribarán celosas: náyades, ondinas y sirenas, mientras tus hermanas anuncian hormonales entregas
a otros dioses solícitos, dragones y capitanes de barcas de románticos guerreros, cazadores de monstruos marinos, y pescadores de redes doradas.. 
Espero tocar su ingravidez antes que retoñen los rayos mañaneros, y tú, Padre Nereo, 
semental preceptor que esparces las semillas del robledal que se espiga hasta el cielo, buscando alcanzar la luz de las estrellas,
oirás del duelo que vence los designios de lo impuro.
Madre Dorisa, tus cultivos de jardines de lirios marinos con las manos de sirenas y nereidas para tocar sus pechos, labios y cabellos,
déjame pasearlos cada tarde, llevando de mi cuello a Tetis que me canta el triunfo de la vida. 
Rondaré las corrientes y arrecifes de tus profundos patrimonios,
aparcaré mi nave en los atolones de albatros y lagartos recrecidos,
vadeando mareas agigantadas, huracanes y tifones nocturnos, trashumaré por dehesas arbitradas por serpientes y vampiros anfibios. 
Obligando a mis ojos y a mi piel a resistir los soles, brisas preñadas de tempestades y salitres azufrados,
hielos sempiternos y descargas de ruidosos fuegos celestiales, que sólo tú, Nereo, sabes mitigar a tu voluntad, que sólo a ti sirven sus obediencias sin reservas ni preguntas. 
Servido de una red de amor para traerla a mis camarotes encantados, reclamo tu plácet de Monarca del Océano,
tu bendición, tu encendida luz, tus escoltas y tus sabias dominaciones.
Alli libaré una vez, otra vez y otra vez sus humores de mieles prohibidas,
siguiendo las rutas escondidas de esturiones viajeros que migran a copular lejos de las miradas de escualos y peleos descalificados.
Inauguremos un nuevo ritual divino reservado a los monteros olímpicos del placer que te hagan recordar ancestrales historias de titánidas,
divinidades mayores a la que la exaltarás cuando triunfemos sobre el universo del amor.
Impreso quedará en tu Venus el refugio d el mundo ontológico de lo eterno y mi yo que explotará verso a verso,
prodigando dioses inmortales ante los ojos de sorprendidos tritones y primogénitos insalvables.
Olvidando a las sirenas embriagadas de su histórica soledad,
multiplicaremos las oceánides y otras infantas de valles, montañas, bosques, praderas y fuentes.
Lía los lienzos de sus vestidos transparentes en mi cuello, medida a medida, luz a luz, cierre a cierre, jadeo a jadeo,
hasta que descargue su garganta su último gemido tembloroso en mis oídos oficiantes del rito del silencio.
Cada célula de su piel estremecida será coronada de un nuevo color, hinchada de nuevos líquidos, con un nuevo calor, con un nuevo candor.
Cada rizo de tus cabellos se izará como honda marina, se volverá conductor de mis emociones,
emitidas al ritmo de la resonancia sensual de feromonas acuosas que corren entre nuestros lados coincidentes.
Una mina de rayos invisibles aceleran la virtud de su vientre preñado de espasmos,
el oleaje sonríe de mar a mar, de costa a costa, entre los acantilados, trémulo y apasionado. 
Ella anidará en mis piernas y mis brazos, dándole a mi piel el sabor de sus sales marineras,
acicalándola con los colores de las transparencias de sus mágicos aceites, servidos por escualos, delfines y tortugas eternas.
Nos contornearemos al compás de las maravillas con la gimnasia de los marineros lobos en sus danzas
exhibidas para extasiar a dioses y doncellas adolescentes.
Nereo, Nereo, concédeme que deslice su cuerpo hasta alcanzar las escaleras de mi proa,
que venga a salvar mi remo pulido y enlucido en espermas de cachalotes, para inaugurar un viaje a la medida de eternidades.
Entrégame sus manos para que la entrelace a las mías, dedo a dedo, falange a falange,
hasta anudarlos como el marinero achica su barca cuando nubes grises amenazan el horizonte.
Asidos en una continuidad de carnes, voluntades y placeres elevados hasta las mágicas fantasías de la imaginación infinita,
cumpliremos el mandato universal, la orden que nos llama habitar el mundo de confín a confín.
Izaremos la bandera de los arribos triunfales, cargados de mieles silvestres y tesoros olvidados,
repartiremos las cavernas y grutas encantadas por ninfas nómadas, cerénides, antríades y sirenas gitanas.
Terminarán las melancolías de sueños congelados entre bahías de aguas mansas,
iluminadas de lunas de silbos adormecientes, de lunas deformadas por olas sibilantes y soñolientas.
Una a una desvelizaremos las claves de las tormentas, paceremos juntos a aguasvivas, dugongos, y manatíes,
recogiendo zargasos y taxifolias, para alimentar a las anguillas viajeras.
Abril será el pasado y el futuro, las lluvias del verano, refugios de este amor sin inviernos, sin pausas, sin distancias, ni muros.
Amor de mar, de dioses, de océanos infinitos, yo, marinero de los siglos, de nostálgicos mares y océanos de todos los mundos,
seremos el semen de los dioses perfectos, inmortales y de triunfos eternos, ella, mi nereida concedida para la renovación de los siglos por venir.